06/Mar/12
Por: Adriana Martínez
Asociaciones Civiles al borde de la desaparición por falta de donativos (económicos, en especie, intelecto o tiempo), es una realidad y un sencillo ejemplo de lo que ocurre cuando en nuestro ser albergamos el egoísmo de no compartir.
Según el diccionario, Donar es la acción de dar fondos u otros bienes materiales, generalmente por caridad, a los más necesitados. Donar, para muchos consiste en un acto racional, cargado de buena voluntad y de amor desinteresado hacia nuestro prójimo, ya sean humanos o animales, pero para otros donar es algo muy alejado de su conciencia y de su corazón.
Solemos vivir concentrados en nuestra propia vida, inmersos en nuestros deseos y gustos, y alejados de las necesidades y sufrimientos ajenos, de tal manera que prestar ayuda a los que se encuentran en desgracia o que necesitan de nosotros, es prácticamente imposible. Desviar nuestra atención, dinero o esfuerzos, resulta en una absoluta negativa. Solemos pensar: ¿y yo por qué, si apenas me alcanza el dinero?, ¡que ayuden otros!, ¡que ayuden los ricos!, ¡que ayuden los que no tienen nada que hacer! , ¡que lo arregle el gobierno!, ¡ese no es mi problema!
En un país subdesarrollado la gente no dona por herencia cultural: a usted no le enseñaron sus padres a compartir, y es muy probable que usted no lo enseñe a sus hijos. Pero mientras sigamos a la sombra de nuestra herencia, estaremos sumergidos en una falta de compromisos y responsabilidades y convertidos en los ciudadanos promedio de un país de amolados que no donan por flojera, por apatía, por egoísmo, por avaricia, o por el signo más inequívoco de la irresponsabilidad: porque creen que otros lo están haciendo y no es necesario su esfuerzo.
En momentos como éste, cada esfuerzo cuenta, cada esfuerzo es la suma que hace la diferencia, cada esfuerzo es simple y sencillamente el PODER DE UNO. Si cada ciudadano piensa que otro lo va a hacer, al final, nadie lo va a hacer y “por eso estamos como estamos”, por eso no hay progreso, por eso hay tantas Asociaciones Civiles al borde de un ataque de nervios luchando por solucionar una problemática que no es propia, sino de todos.
Vivir en un mundo más justo y equitativo para todos los seres del planeta requiere, no solo de la conciencia y los buenos deseos, sino de la participación activa de las personas sensibles y comprometidas con las necesidades del entorno.
Dar de uno mismo o compartir lo de uno mismo, es un acto de grandeza, bondad, amor y compromiso con la vida, es la manera más sublime de dejar una huella en el planeta; es la certeza y satisfacción de saber que cuando se llegue el día en que aquí se acabe nuestra misión, podremos partir en paz a ese nuevo lugar llevando en nuestra alma solo lo que podemos llevar: lo que amamos, hicimos e inspiramos.