¿Corrientes?
El término “adoptar un animal de compañía” puede resultar un tanto extraño en nuestra sociedad, especialmente si también sobre nuestras mascotas recae el peso de nuestras proyecciones personales de estatus y expectativas que nos llevan a comprar cachorros de raza (con pedigrí de preferencia, así se estará más seguro de que nuestra pertenencia vale).
Adoptar un animal de compañía sin raza se convierte en algo insólito en nuestros días ya que la mayoría de las personas los menosprecia. Es muy común que la gente al referirse a un perro sin raza pura, o sea: mestizo, cruzado o criollo, le diga “corriente” como si fuera de baja calidad u ordinario, cuando de hecho son mucho más que ordinarios; son únicos, exclusivos, irrepetibles, prácticamente no hay dos iguales. Están llenos de cualidades que los convierten en valiosos compañeros de vida.
El adoptar un perro mestizo, para muchos, es una experiencia altamente gratificante. Son la bondad en cuatro patas. En general son extremadamente amistosos, leales, nobles, agradecidos, tienen una enorme capacidad de prodigar afecto y derrochar cariño. Tienen una facilidad impresionante para adaptarse a su dueño y a su ambiente, que rápidamente lo reconocen como suyo. Suelen ser tranquilos, equilibrados y fácilmente adiestrables. Son más longevos (ha habido ejemplares de hasta 20 años), fuertes, resistentes a las enfermedades y menos sensibles a los problemas hereditarios que los de raza porque, precisamente debido a las cruzas, han renovado sus genes.
En cuanto a que los perros mestizos puedan ser más inteligentes que los de raza, existe una explicación. A diferencia de los de pedigrí, donde la mano del hombre siempre está presente buscando ciertas características físicas y de comportamiento, el exceso de consanguineidad en esta búsqueda puede llevar al nacimiento de perros débiles tanto física como psíquicamente. El perro mestizo por lo general procede de la calle, es un animal que tiene que valerse por sí mismo, ha aprendido a estar alerta siempre ya que un descuido es sinónimo de dolor o muerte; al no intervenir la mano del hombre la cruza se hace entre perros que se ganan la vida, la comida y el apareamiento por medio de su inteligencia, fuerza y destreza, dando como resultado unas crías con tales características.
Si todas las cualidades anteriores no son suficientes para considerarlos dignos de tu aceptación, cuando te topes con uno o éste llegue a la puerta de tu casa sólo velo a los ojos y trata de notar en su mirada toda esa nobleza, lealtad y amor incondicional que a gritos silenciosos te está ofreciendo. Compartir tu casa y tu corazón con un animal sin hogar es un acto de bondad y compromiso ante la vida que redunda en bendiciones y felicidad. No podemos permanecer indiferentes, también los perros de la calle son nuestra responsabilidad…….
Adriana Martínez
Presidenta Fundación Luca
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